Con un tono que va más allá de la comedia negra, los hermanos Coen regresan con una película que parece muy personal por su temática pero es a la vez una de las más accesibles para todo el mundo de las que han realizado hasta la fecha. Divertida y seria a momentos, los Coen emplean un sentido cómico cada vez más perfilado y entregan un filme plenamente satisfactorio pero que no supone ningún paso nuevo en su cinematografía.
Larry Gopnik está casado, tiene dos hijos y vive en plena comunidad judía de Minnesota. Es 1967 y su vida está completamente asentada. Pero su mujer le comunica que quiere el divorcio sin él esperárselo, su hijo escucha rock and roll durante clase y consume habitualmente mariguana, su hija le roba de la cartera sin que lo sepa para ahorrar para una operación de cirugía estética, su hermano vive en su sofá y su puesto de trabajo está pendiente de ser confirmado para los siguientes diez años. Sin saber qué hacer, Larry acude a su rabino en busca de consejo.
Uno de los aspectos más sorprendentes de “A serious man” es la falta de compasión con la que trata tanto a su personaje principal como las situaciones que le suceden. Su protagonista es una persona corriente, decente y activa de su comunidad judía que empieza a ver como su vida se desmorona alrededor suyo. Inspirándose en la figura bíblica de Job, los hermanos Coen emplean parte de su cultura y educación para construir una comedia tan demoledora para el personaje como en el fondo sarcástica. Su tono negro se ríe del drama que presenta, pero los Coen saben manejar notablemente la frontera entre lo tragicómico y el humor negro haciendo que el filme sea siempre ameno y entretenido. Para ello no han recurrido a ninguno de sus actores habituales y emplean un reparto que funciona estupendamente. En el centro está el actor no excesivamente conocido Michael Stuhlbarg, quien encarna excelentemente al arquetipo de buen hombre que no toma ninguna acción mientras los problemas se suceden uno tras otro. “A serious man” es una comedia hecha con un característico estilo de los hermanos Coen, que funciona y emplea recursos ya comunes en su cine hasta llegar incluso a abusar de alguno de ellos. La película es un buen ejemplo del carácter cómico de su cine pero a la vez es una cinta que va a contentar a todo tipo de público tal vez de forma demasiado fácil ya que, a diferencia de otras ocasiones, aporta pocas cosas nuevas aparte de un entretenimiento con el sello de los Coen, nunca siendo genial pero siempre más que apreciable. |